El Bosque de la Diversión, nacido en la Escuela Municipal de Deportes de Verano (EMDV) de La Carolina, el año pasado, continúa creciendo. Y es que se sigue llenando de vida gracias a la plantación de nuevos ejemplares. Han sido 8 melias los árboles de gran porte que se suman a los sembrados justo hace un año. La acción se ha desarrollado en el campo de fútbol Ramón Palacios, un lugar escaso de sombra y deteriorado, que, con el paso del tiempo, se convertirá en un espacio verde, sostenible y capaz de aunar deporte y conciencia medioambiental.

Precisamente, esos son dos de los valores que se inculcan en la EMDV. A diario, niños y niñas asisten para jugar, realizar actividad física, relacionarse y aprender. El proyecto del Bosque de la Diversión surgió con el objetivo de realizar una repoblación en alguna zona desierta del municipio y, de paso, devolver a la naturaleza todo lo que nos da. Al mismo tiempo, tal y como explica la concejala de Deportes, Carolina Rodríguez, bajo las sombras aparecerá un nuevo de espacio de juegos para las niñas y niños del municipio.

Por eso, han sido ellas y ellos los encargados de realizar las siembras. “La mejor manera de comprometerse y amar es conociendo profundamente lo que se hace. Este es el motivo de que aprovechemos la EMDV para inculcar los valores de la sostenibilidad, la deportividad, el equipo la igualdad y la diversidad, entre otros, a través del juego”, afirma Rodríguez.

“Dame un espacio y tiempo para jugar y montaré mis propias historias” es el lema que acompaña al Bosque de la Diversión. Al igual que en la plantación del año pasado, los árboles llevan el nombre de un deporte o actividad física y, también, el de un valor que encaje que los que ofrecen las disciplinas deportivas.

El Bosque de la Diversión es un proyecto a largo plazo, pues fija su horizonte en un futuro más amable con el planeta. Pretende que los menores aprendan desde las edades tempranas la importancia de la naturaleza, de preservar el entorno frente al planeta. Sin embargo, lo hace de una manera alejada de la teoría, ya que implica a las niñas y niños haciéndoles partícipes y creadores del espacio verde. “Lo ven crecer, aumentar su tamaño y se sienten responsables de su cuidado”, concluye la edil.