Una de las consecuencias del confinamiento es el aumento de los niveles de ansiedad y de los síntomas depresivos, sobre todo, en la población de entre 56 y 75 daños. De ellas, un 19.66% han empezado a tener ansiedad a raíz del confinamiento y un 29% han empezado a sentir síntomas depresivos a raíz del confinamiento. Sin embargo, solo un 20% ha buscado ayuda psicológica de cualquier tipo para contrarrestar estos síntomas. Así se desprende del estudio Impacto Psicológico del Covid-19, un formulario on line en el que han participado 500 personas. La alcaldesa, Yolanda Reche, y la concejala de Igualdad y Diversidad, Carolina Rodríguez, han presentado los resultados.

El cuestionario se compone de una treintena de preguntas que tratan de conocer tanto el perfil de la persona que responde (edad, sexo, número de hijos, situación laboral, etcétera) hasta cómo está viviendo el confinamiento. Así se establecen varios bloques de preguntas. El primero se dirige a conocer las emociones y sentimientos durante el confinamiento, las destrezas que se pueden desarrollar y las rutinas cotidianas, entre otros. El segundo apartado busca establecer el escenario post covid19. De esta forma, se interesa por lo que más preocupa y si se ha desarrollado personalmente.

Los resultados permitirán trazar una hoja de ruta en cuanto a las acciones y actividades que se puedan llevar a cabo en esta materia.
“El objetivo era conocer la factura que ha pasado el confinamiento entre los vecinos y vecinas y lo cierto es que los resultados son reveladores. Por un lado, hemos tenido una buena respuesta por parte de la ciudadanía y, por el otro, el anonimato, permite la sinceridad en las respuestas. Este estudio nos ha permitido hacernos una idea de cómo ha afectado el estado de alarma. Los resultados ponen el acento en la ansiedad y los síntomas depresivos, pero también nos permiten radiografiar el estado anímico y las fortalezas desarrolladas”, Reche, que detalla que el CIM ha puesto en marcha una campaña de consejos psicológicos a través de las redes sociales municipales y ha creado una lista de difusión con el objetivo de ayudar a la ciudadanía.

Las personas con una edad de entre 36 y 55 años han sentido un nivel de ansiedad (6,1) por encima de la media (5,45). El número de hijos también influye en este ítem, pues la ansiedad es mayor cuantos más hijos hay.

Otro de los datos llamativos es que las personas que han vivido el confinamiento en soledad han sentido un nivel de ansiedad de 4,7 (por debajo de la media) frente al de las personas que lo han pasado solas con sus hijos (6,04). El tamaño de la casa también ha influido en el nivel de ansiedad así como la situación laboral (los estudiantes mostraron un nivel de ansiedad mayor que las personas que han continuado trabajando).

De la misma manera, el estudio elaborado por el Centro de Información a la Mujer de La Carolina refleja que las mujeres son las que más que han notado la ansiedad y el estrés -los hombres mostraron unos niveles de 3,86 ansiedad y 5,05 de estrés frente a las féminas (6,06 y 6,9).

Desarrollo personal y emociones
Las preocupaciones a lo largo del confinamiento han sido múltiples, pero las más comunes han sido la evolución de la pandemia, incluyendo la incertidumbre ante los nuevos cambios o la vuelta a la rutina con un 35%, la salud y el futuro laboral, opciones que han marcado un 21% y un 18% de las 500 personas que han rellenado el formulario. En cuanto a las emociones que se han sentido al salir a la calle, la emoción que menos se ha sentido ha sido la euforia, y la que más, la inseguridad, con una diferencia significativa respecto a las demás.

El formulario deja también conclusiones sobre las fortalezas desarrolladas durante el confinamiento: la paciencia (el 64,6% de la muestra), y posteriormente la capacidad de adaptación (el 54,2%), la flexibilidad (53,2%) y la solidaridad (el 46%). La fortaleza que menos creemos haber desarrollado es el perdón (el 14,8%).
Entre las emociones que más ha sentido, destaca la tristeza, la cual ha sido seleccionada por el 55,4% de las 500 personas que han rellenado el formulario. También están a la cabeza la impotencia (54,2%) y el miedo (43,4%). Las emociones que menos se han sentido han sido la euforia y la ira, que las ha sentido un 4,4% y 12%, respectivamente.

Por otro lado, llama la atención los datos relacionados con la resiliencia. Durante el confinamiento, el 75% ha desarrollado, sobre todo, la reactiva, que no es la mejor porque es la que la persona reacciona solo cuando se siente presionada tomando una actitud pasiva en vez de actuar adelantándose a lo que puede pasar.
Respecto a las relaciones, se han mantenido igual generalmente. En concreto, el 25% ha ido a mejor durante el confinamiento, aunque un 10% de los encuestados responden que su relación de pareja ha empeorado.
Actividades realizadas

Las actividades más realizadas durante el confinamiento han sido el contacto telefónico con familiares y amigos/as (32%) e informarse acerca de la situación del coronavirus (22%). Las actividades que menos se han realizado han sido el aprendizaje de nuevas destrezas (8%) y procurar mantener estables los ciclos de sueño (9%).